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6月30日 WE ARE THE CHAMPIONS!!!! QUÉ GRANDE ES ESTA SELECCIÓN... Y QUÉ ORGULLOSA ESTOY DE SER ESPAÑOLA!!!!!!!!! (www.as.com)¡CAMPEONES!
Seductores de EuropaEl fútbol hizo justicia. La Selección desbordó a Alemania. Torres marcó el gol de la gloria. Iker levantó la copa de campeones de Europa
Juanma Trueba | 30/06/2008 El mundo encaja. Vence España. Gana el fútbol. Léanlo despacio: somos campeones de Europa. Ayer, cuando Casillas izó el trofeo, levantamos la Copa que siempre sostenían otros. Esta vez el confeti era nuestro, los besos nuestros, nuestro el champán y las banderas. Ya no hay miedo, ni hay complejos. Anoche aprobamos la última asignatura pendiente de la historia moderna del deporte español. El fútbol, nuestro fútbol absoluto, ya está en el lugar que se merece. No nos queda ni un fantasma. Pasamos de cuartos contra Italia, y matamos dos, superamos las semifinales contra Rusia, y fulminamos otro par, y hemos vencido a Alemania en la final, derrotando a los demonios que existen y a los que imaginábamos. Ya no hay ogros ni supersticiones. Se puede ser favorito y ganar, se puede jugar al balón y vivir, se puede ser pequeño y ser grande. Esta historia está bien escrita, por los chicos y por el viejo, por este país que necesitaba una alegría en la que coincidieran, por fin, 46 millones de españoles. Somos así, estamos cargados de virtudes y habrá que admitir que tenemos algunos defectos, somos un pueblo que progresa al ritmo de la modernidad, una sociedad abierta, pero en última instancia, despojados del frac del protocolo, nos une el fútbol y la Eurovisión, nos levanta el juego y nos abrazan los concursos, la competencia, el torneo que expone nuestra fragilidad y nuestra fortaleza. Somos así, necesitamos una razón para lo que otros sólo requieren un himno, una bandera o un valle. Ya la tenemos, porque somos, lo recuerdo, campeones de Europa. Valientes.Trato de ordenar los acontecimientos y ahora me vienen a la memoria los últimos minutos, el reloj que se atascaba como si le hiciera falta esculpir cada cifra. Ni siquiera entonces España renunció al balón. Ni siquiera en ese trance agónico hubo un gesto que tuviera como objetivo perder el tiempo. Nadie se refugió en un córner, ni hubo pases a Casillas, ni balones al cielo, yo no los vi. Al contrario, en ese callejón donde otros hubieran especulado y además hubieran pasado inadvertidos, nuestros futbolistas se lanzaron a por el segundo gol, generosos e inconscientes, apasionados. En ese instante, a cinco minutos de proclamarnos campeones, les llamamos locos, lo confieso, y les gritamos el catálogo de los trucos que hemos visto y sufrido. Tirarse, fingir, pinchar la pelota, esconderla, protestar. Fue inútil. No es sólo que seamos campeones, es que somos distintos. Es que de la mano de estos chicos y su entrenador el espejo nos devuelve una imagen hermosa y ejemplar. Somos un campeón que rescata a un país, pero también a un deporte. Quizá desde que Brasil ganó el lejano Mundial de 1970 ninguna selección había logrado un título apostando por un fútbol tan puro, tan artístico, tan liberado de miserias. Quien lo intentó murió en la última orilla, reforzando el argumento de los sesudos estrategas, de los constructores de fortalezas. El mundo del fútbol es un poco mejor ahora. Escucho que no sufrimos en la final, pero hemos pasado demasiados años sufriendo como para superarlo de pronto. Ahora se nos traspapela que los diez primeros minutos fueron un vendaval alemán. Tocaban ellos, empujaban, llegaban. Nos quitaron el balón. Formaron una barrera de cinco hombres que levantaba un muro entre nuestros defensas y la línea de creación. Nos asfixiaron. Ballack el moribundo salió como un titán y en pleno desconcierto la Selección no vio otra solución que patear el balón, rifarlo, negarlo. Duró diez minutos, pero nos bastó para repasar las diapositivas de nuestros miedos. Suerte que el balón regresa a quien lo acaricia. Y España logró bajarlo, domarlo, activarlo. Con cada pase ganábamos en confianza y un par de conexiones la doblaban, y tres la triplicaban, y así avanzábamos, multiplicando y multiplicándonos. Aviso.A los 22 minutos se confirmó nuestra recuperación. Ramos penetró en territorio enemigo y buscó el área, templado. Allí, en el cráter del volcán, Torres se elevó hasta superar los dos metros eternos de Mertesacker. Su cabezazo pegó en la cepa del poste y el rebote burló a Xavi, que lo esperaba con un cazamariposas. Ese palo hizo retumbar el Prater, porque nuestra afición también es distinta y canta más, y, sobre todo, es más feliz. Ya eran nuestros. Cesc lo señaló con un disparo lejano. Y acto seguido lo ratificó con un pase delicioso que se coló entre el orden prusiano de la defensa alemana. Torres arrancó con tanta desventaja que le perdimos de vista para tomar aliento y croqueta. Hasta que nos despertó el rumor. Torres pugnaba y vencía, Torres marcaba, España volaba. El primer mérito de El Niño fue la fe, luego la velocidad y, por último, la habilidad para sortear al defensa y batir al portero. También con ese gol la historia cerraba un círculo. Se esperaba al gran Torres durante el campeonato y se le esperaba también en la Selección. Imagino que en esto, como en todo, Luis también tenía razón y era necesario exigirle al máximo para que llegado el momento nos diera lo máximo. Alemania apretó en los últimos minutos de la primera parte y hay que agradecer su entereza a la defensa en general y a Marchena en particular, porque además de balones despejó tibias y cabezas. En la segunda parte fuimos lo mejor de nosotros mismos. Desde la banda, Luis reclamó toque con ese gesto que consiste en sacudir las manos como quien se desprende de algo pegajoso, del miedo, de los complejos, de la historia negra. Y España se elevó hasta el infinito. Jugamos con una generosidad conmovedora, felices, geniales. Pudimos marcar más goles, dos, tres, quizá cuatro, yo al final ya no veía. Que nadie se seque las lágrimas porque nos faltaban estas lágrimas, las que simbolizan un éxito colectivo que trasciende el fútbol, y algunos dirán que exagero, pero no tanto.
OJALÁ Y QUE SEA EL PRIMERO DE MUUUUCHOS TÍTULOS PARA "LA ROJA", Y QUE NO PASEN OTROS 44 AÑOS PARA PODER VOLVER A VIVIR OTRA CELEBRACIÓN COMO LA DE AYER! AHORA...A POR EL MUNDIAL!!!!!!
6月27日 OTRA NOCHE HISTÓRICA... SÓLO QUEDAN LOS ALEMANES, A POR ELLOS!!! (www.as.com)El partido perfectoEspaña borda el fútbol y se clasifica para la gran final. Marcaron Xavi, Güiza y Silva. Rusia no pudo capear el temporal. Estalla la euforiaJuanma Trueba | 27/06/2008 En el primer tanto, el Príncipe quiso alzar a la Princesa hacia el cielo de Viena, pero se contuvo. En el segundo, Letizia cantó el gol antes de que lo marcara Güiza. En el tercero, por fin, se dieron un abrazo de Love Story, mostrando al mundo dos sonrisas como dos rajas de sandía. Así estaba España. Orgullosa. Con el nudo en la garganta y con la lágrima que disimulas hasta que ya no disimulas nada y te pones a llorar desconsoladamente, o a reír, si eres persona de carácter templado. Había tantas decepciones acumuladas, tantas noches parecidas que terminaban mal, que llegamos a aceptar con resignación que la nuestra era la historia de un desamor. Incapaces de encontrar una respuesta a tanta desgracia, barajamos todas las enfermedades posibles y dijimos que nos faltaba sentimiento de nación, ánimo competitivo y hasta una letra para el himno. Pero sólo nos faltaba ganar. Quitarnos el tapón, el complejo. Y volar. Estoy por asegurar que ya nada volverá a ser igual. Ni siquiera una improbable derrota en la final puede detener este impulso, esta liberación recién estrenada. Hemos ganado y lo hemos hecho de la mejor manera posible. Del catálogo del fútbol hemos escogido el argumento más hermoso, el libro más polvoriento, el primer tomo, el fútbol bonito. Donde la modernidad recomienda acumular atletas fornidos, nosotros alineamos bajitos geniales. Y donde dice estrategia leemos balón. Es un mérito del entrenador, naturalmente, que por fin divisa su ballena blanca. Y es también una recompensa para un país que ha entregado demasiado para recibir muy poco. Pero además hay algo esotérico, divino, telúrico. Es como si se hubiera completado uno de esos extraños círculos que dibuja el fútbol de vez en cuando. Un viejo seleccionador junto a un grupo de jóvenes, algunos de tan pequeña estatura que costaría encontrarlos en la calle. Sin Raúl. Justo en la prórroga de nuestra esperanza. Así nos han rescatado y así nos han dejado, con sonrisas como sandías. Así jugamos contra Rusia, fieles a nuestro talento y agradecidos a nuestra alegría. Para empezar, España salió con una autoridad desconocida, batiendo palmas sobre mofletes rusos. Sergio Ramos fue el primero en presentarse: ha vuelto y sube. A partir de ahora creeré que Luis ha estudiado cada bufido en el departamento de psicología de Harvard. Hechos. De modo que nuestros acercamientos se precipitaron como el diluvio sobre el Prater. A los diez minutos, Villa probó fortuna por bajo. A los 15, Torres reclamó penalti de Ignasevich, que pudo serlo, porque el central se colgó de El Niño como un fan. A la media hora, con Arshavin perdido, Pavlyuchenko avisó de lo grande que es Rusia con un disparo asesino. Casillas evitó el gol con las yemas de sus dedos y las de Santa Teresa, porque los santos le asisten. En el minuto 34, el universo dio un giro. Cesc sustituyó a Villa, lesionado en el lanzamiento de una falta que debió tirar Senna. El cambio modificó el sistema de España, que recuperó el dibujo de la clasificación, con Torres como único punta. El problema es que sin Villa los centrales rusos sólo encontraron la oposición de Torres y El Niño, para liberarse, buscó el desmarque de banda a banda, sin entender que ese movimiento nos dejaba sin delantero centro. Fue una confusión pasajera sobre la que trepó Rusia. En la segunda parte la vida recobró el sentido. España había ganado un mediocampista y el balón era tan de su propiedad que lo podía transportar bajo la camiseta. En el minuto 50, la Selección burló la presión de Rusia con un juego de rayuela. En el desenlace, Xavi abrió a la izquierda, donde Iniesta quebró hacia el continente y metió al área un centro chut, que es un pase de cañón. Mientras seguíamos la trayectoria de la pelota apareció de pronto la pierna de Xavi, que había continuado la jugada para firmarla. Al gol le siguió, y seré prudente en mis afirmaciones, el fútbol perfecto. Entre olés, España tocó como sabe, de ida y de vuelta, peinando con cepillo todas las briznas de hierba, hasta que la desesperación vencía al rival. Entonces,finamente, le marcábamos el corazón con el florete. Subió Ramos por la banda y Torres disfrutó de varias ocasiones: una la remató con la rodilla y otra con el pie. El Niño pidió otro penalti y recibió más balones, hasta que no pudo más y Luis dio entrada a Güiza, que es lo menos parecido a un ruso que hay en el reino de los hombres. Al rato de su irrupción, Cesc conectó con el jerezano con un pase picado y torero. Güiza lo bajó con el pecho y marcó como quien respira. A continuación, el goleador hizo el arquero y comprendió la importancia del lugar y del momento. Y se le empañaron los ojos. Rendición. Xabi Alonso cambió por pulmones el genio de Xavi y España se hizo todavía más grande. Los rusos probaron a dar patadas, pero no está eso en su naturaleza. Luego, sin conversación previa, se rindieron, absolutamente conscientes de su inferioridad. España siguió tocando, elaborando, pero no había en ello regodeo ni banalidad; cada pase tenía un sentido, escapar o atacar, buscar y encontrar, marcar gol. Fueron momentos conmovedores, inolvidables, fueron la prueba de que otro fútbol es posible, de que este deporte acepta cualquier cuerpo con talento y que las semifinales de un gran torneo no son una excepción. En ese trance fabuloso marcó Silva. La jugada nació, una vez más, de una triangulación magnífica que pasó por Iniesta y Cesc hasta llegar a Silva, que controló y remató donde sólo cabía una de las dos cosas. Sobre el final, Güiza pudo marcar el cuarto. Lo teníamos dentro. Nos faltaba ganar y confiar para seguir ganando y confiando. Este equipo está haciendo historia y este equipo somos todos. Los que juegan y los que lucimos una sonrisa como la raja de una sandía.
6月23日 LA CRÓNICA DE UNA NOCHE HISTÓRICA (www.as.com)España rompe el maleficioHeroico partido con Casillas de estrella. Los italianos jugaron a los penaltis y perdieron allí. La Selección ha pasado de cuartos y aspira a todoJuanma Trueba | 23/06/2008 La historia cambió esa noche, dirán. La deriva encontró un rumbo y en el Prater ganamos a Italia, y pasamos de cuartos. Quizá no parezca mucho, visto con la perspectiva del tiempo y de las victorias que vendrán, pero lo era todo. Todo. Habrá que repetírselo a quien quiera escuchar: aquella noche de Viena empezamos a construir lo que disfrutas ahora, ese futuro que imagino lleno de triunfos que comenzaron con este. Llegados a este punto nos parece muy claro, casi evidente. El partido entre los dos mejores porteros del mundo tenía que terminar así, cero a cero. El duelo entre los dos guardametas más brillantes del momento debía despejarse de actores secundarios y resolverse en los penaltis, cinco balas por barba y dos guantes por cabeza. Ocurrió de ese modo, porque el fútbol, que tiene fama de universo desquiciado, es un azar con guión y gusta de acabar las historias que empieza, sólo hay que saber esperar, en unas ocasiones un año y en otras 44. Lo demás fue el eterno combate entre España e Italia, entre lo romántico y lo práctico, entre el desamor y las sábanas, entre la fatalidad y la victoria. Aunque esta vez sucedió algo diferente que quiero pensar que determinó el desenlace, más allá de las cuentas pendientes y las deudas históricas. Nosotros fuimos fieles y ellos se traicionaron. España acometió el partido con el entusiasmo de quien se sobrepone a la historia e Italia lo afrontó con una mezquindad salvaje, despreciando el juego, confiando en su leyenda y en nuestro miedo. Decisión. Pero esta vez no había miedo, había determinación y, aún por encima, una condición que distingue a los equipos mucho antes que la fortuna y el valor: el talento. Somos mejores, mucho mejores, y esa diferencia debía alejarnos de los terrenos movedizos de la suerte. Lo merecimos y lo merecimos con insistencia. Es cierto que llegamos al último rincón de la angustia, pero el partido no lo decidió una lotería, ni una moneda, ni un bambino; lo decidió el talento, porque lo sentenció Casillas. Y no se trató sólo de una buena noche. España se jugó la vida con una filosofía casi suicida, la suya: puro fútbol. Sin consideraciones físicas y sin estrategias miserables. Juegan los mejores, altos o bajos. Importa el balón sobre todas las cosas. Tocar y tocar. Si hemos vivido así, moriremos igual. Admito que llegué a desconfiar, como otros tantos que escondemos un secreto arrepentimiento en nuestra alegría remojada. Pensé que nos pasarían por encima, heredé todos los complejos y horas antes quise ser lo imposible, alemán, alto, contundente, ahorrador. No se puede. Somos lo que somos y nos da para ser espléndidos. España, incluso sin tener en cuenta la victoria, completó un partido valiente, hermoso en la generosidad. Enfrentado al ogro asumió el mando y la responsabilidad. Arrojado a un escenario de guerra apostó por el argumento elemental: jugar. Los primeros minutos descubrieron ese panorama. España se movía con el balón e Italia se agazapaba sin él. En esas condiciones, el toque parecía un desafío de la inteligencia contra el catenaccio. Sólo había que esperar. Ser pacientes sobre un mar de cenizas que abrasan, aguardar mientras una jauría nos mordía los tobillos. Además de un fútbol cavernícola, Italia mostró fisuras. La desesperación terminaba por minar su esquema mental. Silva, que se desplazaba entre líneas, atacaba el esquema táctico, percutiendo por la espalda, por sorpresa, por finura. No había acercamientos claros, es verdad, pero se ganaban metros, confianza, sin que ese avance preocupara demasiado a los italianos. España jugaba con el balón e Italia lo hacía con el tiempo, dejándolo pasar, empujando el partido hacia a esa zona Cesarini donde sólo sobreviven los más listos. En el minuto 58 se quebró ese extraño equilibrio que nos inclinaba sobre el enemigo pero nos impedía alcanzarlo. Luis relevó a Xavi e Iniesta por Cesc y Cazorla. Los dos primeros eran los dueños del balón y su ausencia significó perderlo. A cambio de exponerse, el equipo se volvió más vertical, más arrojado. Italia también escogió ese instante para salir de la cueva y arreciaron los balones en dirección a Luca Toni, que estaba ejemplarmente vigilado por Puyol y Sergio Ramos, uno por delante y otro por detrás, y ambos en el interior de su camiseta si era menester. En ese caos, Casillas rechazó con el pie zurdo un disparo de Camoranesi que hubiera sido mortal en otro año y con otro portero. Campeones. España seguía llegando, por cualquier sitio y de cualquier modo, chocando demasiadas veces con un gran Chiellini. Senna probó a chutar de lejos y su primer disparo estalló contra los puños de Buffon. Un minuto después, a falta de diez para el final, su zapatazo abrió una zanja hasta llegar al portero italiano, que pareció atrapar y no atrapó, y el mismo balón que se coló por la axila de Arconada hace 24 años se estrelló esta vez en el poste. Pudimos pensar que era la suerte de los campeones, de los campeones del mundo, pero los españoles del campo y del planeta continuaron saltando, felices, distintos. Así siguieron durante la prórroga, cuando la Selección, más afilada por la entrada de Güiza, siguió poniendo a prueba la resistencia de Italia. Villa, que quiso ser Pelayo, se asfixió en su propia ansiedad. Silva volvió a rozar el gol y Cazorla dispuso de la última ocasión en el último minuto. Condenados a los penaltis, Buffon se acercó a Casillas y bromeó con él, con el falso afecto de quien pretende matarte acto seguido, aunque no se trata de nada personal. No conoce a Iker, ignora su capacidad para aislarse, su ángel, sus alas. Casillas paró dos lanzamientos y en España se desató la alegría. Ha sido fastuoso, homérico, impetuoso. Ha sido magnífico. Y sin embargo, tengo la sensación de que lo mejor está por llegar.
6月22日 LOST, by COLDPLAY... VIVA LA VIDA!!!Just because I'm losing
Doesn't mean I'm lost Doesn't mean I'll stop Doesn't mean I will cross Just because I'm hurting Doesn't mean I'm hurt Doesn't mean I didn't get what I deserve No better and no worse I just got lost Every river that I've tried to cross Every door I ever tried was locked Ooh-Oh, And I'm just waiting till the shine wears off... You might be a big fish In a little pond Doesn't mean you've won 'Cause along may come A bigger one And you'll be lost Every river that you tried to cross Every gun you ever held went off Ooh-Oh, And I'm just waiting till the firing starts Ooh-Oh, And I'm just waiting till the shine wears off Ooh-Oh, And I'm just waiting till the shine wears off Ooh-Oh, And I'm just waiting till the shine wears off… |
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